El objetivo de este trabajo fue estudiar el efecto del nivel de alimentación (próximo a necesidades de mantenimiento) en función del tipo de pienso (con distintos niveles de grasa (7% vs 4%) y del tiempo, en el perfil graso subcutáneo de cerdos ibéricos. La capa externa presentó mayor proporción de C18:0 y C20:0, y la capa interna más C16:0 y C22:5n-3 con la dieta basada en carbohidratos. En cambio, con el suministro del pienso alto en grasa se obtuvieron mayores proporciones de C18:2n-6 y C20:3n-9 en ambas capas. Respecto al efecto del tiempo en los cerdos que estuvieron próximos al mantenimiento, se produjo una disminución de C16:1n-7, C18:1n-7, total de n-7 y C18:4n-3 y un aumento en C18:0 en la capa externa. En la capa interna, se produjo la disminución de la concentración del C18:1n-7, C18:3n-3, C20:5n-3 y C22:5n-3, sin cambios en los sumatorios de los principales grupos de ácidos grasos. En conclusión, un tiempo de espera en mantenimiento de 3 semanas supone una reducción de las proporciones de ácidos grasos monoinsaturados n-7 a nivel de la capa externa de grasa subcutánea, con cambios individuales en poliinsaturados n-3 en ambas capas a causa de su utilización metabólica que no se manifiestan en el total de ácidos grasos n-3. No se observaron cambios en ambas capas con ambos factores (tipo de pienso y tiempo a nivel próximo a mantenimiento) lo que supone un avance para el manejo por el ganadero en el sector.

Introducción

El uso de piensos compuestos en la alimentación del cerdo ibérico es una alternativa interesante para obtener productos de calidad no tan elevada en comparación con los procedentes de animales cebados con bellotas, pero con otros beneficios. De hecho esta práctica permite la obtención de productos económicamente viables, tanto para el productor, que podrá tener una mayor producción anual además de una mayor estabilidad interanual productiva; como para el consumidor, que podrá obtener un producto a un precio más asequible (López-Bote, 1998). Es por ello que ésta estrategia es la predominante en la actualidad (López-Bote, 2001). En el cebo del cerdo ibérico, existe un amplio abanico de posibilidades en cuanto a la alimentación a base de piensos se refiere con variaciones en el tipo o nivel de grasa y por tanto diferente nivel de carbohidratos, lo que puede afectar al perfil lipídico (López-Bote, 2001).

El perfil de ácidos grasos en el cerdo ibérico, especialmente durante su última fase de cebo, es un factor determinante de la calidad del producto final, que se usó durante años como método de control de calidad (BOE, 2001). Así, en la etapa de cebado/acabado, el animal se encuentra prácticamente de forma continua en una situación de balance energético positivo, por lo que casi en ningún momento moviliza ácidos grasos para obtener energía (López-Bote, 2001). Sin embargo, en periodos de restricción alimenticia, el balance energético tiende a mayor utilización que acumulación, y el grado en el que las proporciones de los distintos ácidos grasos en la grasa se ve afectado puede depender de la fuente energética del pienso y de su rápida disponibilidad por parte del organismo (Daza et al., 2007). Así, los ácidos grasos saturados se metabolizan con mayor dificultad que el C18:2n-6 u otros ácidos grasos insaturados (Raclot y Groscolas, 1993). El hecho de que el animal metabolice uno u otro ácido graso, variando su acumulación en los tejidos, pueden determinar en buena medida ciertas características de calidad de los productos como el sabor, aroma o el valor nutricional (Ruiz et al., 2005).

Por otra parte, y debido a la rusticidad de la raza ibérica, es habitual que dentro de un mismo lote se dé la coexistencia de animales que presentan diferencias en su peso debido a diferentes velocidades de crecimiento (López-Bote, 1998). Esto da lugar a lotes heterogéneos poco interesantes de cara al mercado (López-Bote, 2001). Por ello, los ganaderos se ven obligados a restringir el nivel de alimentación, dejando en mantenimiento aquellos animales con mayor peso con el objetivo de homogeneizar el lote de envío a matadero.

Se han llevado a cabo distintos estudios de los efectos que la restricción alimentaria pueden producir en el perfil lipídico en el cerdo ibérico (Daza et al., 2006; Dunker et al., 2007; Serrano et al., 2009), pero se desconoce si la restricción alimentaria más severa próxima a la de mantenimiento puede afectar al perfil lipídico, en particular a determinados ácidos grasos que sean fácilmente metabolizables. Por tanto, los principales objetivos del estudio fueron:

  • Estudiar la influencia de la utilización de 2 tipos de piensos con distinto contenido en grasa administrados a cerdos ibéricos a un nivel próximo al mantenimiento los días previos de envío a matadero, sobre el perfil lipídico de las capas externa e interna de la grasa subcutánea.
  • Estudiar si el tiempo de espera próxima al mantenimiento afectó al perfil de ácidos grasos de las capas externa e interna de la grasa subcutánea.

Material y métodos

Animales experimentales

Para el estudio se utilizaron cerdos ibéricos castrados (n=12) de la línea Torbiscal (Duarte et al., 2019) que fueron acabados en la finca “Dehesón del Encinar” (Oropesa, Toledo, España) con un peso inicial de 123,8kg (±6kg) y 11 meses de edad. Los cerdos estuvieron alojados en boxes individuales de 8m2 y recibieron agua ad libitum. Al inicio de tal periodo los animales se dividieron en 2 grupos de 6 animales cada uno que recibieron 2 piensos distintos, un pienso con un 7% de grasa (girasol alto oleico) y otro con 4% de grasa (girasol alto oleico) y mayor aporte de hidratos de carbono. Los 2 piensos proporcionaron cantidades similares de energía y proteína al día. La composición calculada del pienso e ingredientes se muestra en la Tabla 1.

Los cerdos al final del acabado (63 días) fueron alimentados durante 3 semanas en régimen alimenticio próximo al mantenimiento con los mismos piensos recibiendo aproximadamente 27,5-31,0MJ de energía digestible al día. Los cerdos fueron pesados cada 7 días (desde el inicio del cebo hasta los 84 días) y la cantidad de alimento se ajustaba en función de sus necesidades de mantenimiento (FEDNA, 2013).

Los cambios en el perfil lipídico se determinaron mediante la toma de biopsias en la grasa subcutánea. Los animales no mostraron ningún grado de disconfor los días posteriores al procedimiento. La muestra se tomó a 6cm de la línea media a nivel de la última costilla usando un cilindro (diámetro 0,25cm) con borde afilado. Los animales se tranquilizaron previamente hora antes de la toma de biopsias y se aplicó anestesia local inmediatamente antes de la toma de muestras. Con posterioridad los animales recibieron una inyección de 2 ml de penicilina intramuscular. Las muestras de grasa se situaron en tubos eppendorf y fueron trasladadas en presencia de frío al laboratorio de Nutrición de la Facultad de Veterinaria (UCM, Madrid), donde fueron congeladas a –20°C hasta el momento de su análisis. En el momento de análisis se separaron en las muestras de grasa la capa externa e interna que se analizaron de forma independiente para determinar su composición en ácidos grasos.

Análisis de laboratorio

Análisis de la composición general del pienso

La determinación de humedad se llevó a cabo según la Norma ISO-1442 por gravimetría. Para el análisis de proteína, se determinó el nitrógeno total de la muestra por el método de Kjeldahl y el valor obtenido se multiplicó por 6,25. El método Kjeldahl se realizó siguiendo la norma ISO R-937. Para la determinación de la grasa se utilizó una modificación del método Bligh y Dyer (1959). Brevemente, la muestra pesada se puso en presencia de ácido clorhídrico 6 N y una mezcla de cloroformo:metanol 1:2 y tras proceder al filtrado, éste se decantó en presencia de una solución salina al 0,9% de forma que la concentración final fuese cloroformo:metanol:agua (2:2:1,8). La fase inferior se evaporó en el rotavapor a una temperatura inferior a 50°C y la grasa se cuantificó por diferencia de pesada.

Para el análisis de la composición de ácidos grasos del pienso, se utilizó el método de un solo paso propuesto por Sukhija y Palmquist (1988) con ligeras modificaciones. La muestra en presencia de tolueno (1ml conteniendo 10mg/ml de C15:0 como patrón interno) y cloruro acético en metanol (3ml al 5%) fue calentado a 70°C durante 2 horas. Posteriormente la muestra se centrifugó 5min a 3000 rpm y el sobrenadante se puso en presencia de sodio sulfato anhidro. La fase superior se recogió para su análisis por cromatografía de gases (Rey y López-Bote, 2001).

Análisis de la composición de ácidos grasos de la grasa subcutánea

La grasa se extrajo mediante el método de fusión térmica (Carrapiso y García, 2000). Se colocó la grasa en un tubo de vidrio que se introdujo en un horno microondas durante 1min aproximadamente, a una potencia de media de 350w. La grasa se metiló en una estufa en presencia de metilato sódico y sulfúrico en metanol (Rey y López-Bote, 2001). Los ésteres metílicos de la capa superior fueron previamente disueltos en éter de petróleo para su análisis por cromatografía de gases. Para el análisis se utilizó un cromatógrafo equipado con un inyector de split (1/50), un detector de ionización de llama (FID) y una columna capilar con fase estacionaria polietilenglicol (30m x 0,32mm x 0,25µm) siguiendo el programa de temperaturas descrito anteriormente (Rey y López-Bote, 2001). La identificación individualizada de los ácidos grasos se realizó mediante el empleo de mezclas conocidas de patrones externos. El ácido C15:0 (ácido pentadecanoico) se utilizó como patrón interno. Los ácidos grasos se expresaron como porcentaje sobre el total de los ácidos grasos.

Análisis estadístico de los datos

La unidad experimental fue el cerdo. Los datos se analizaron siguiendo un diseño completamente al azar utilizando el procedimiento GLM del SAS (v9.3). Se evaluaron como efectos principales el tratamiento (Pienso 1 vs. Pienso 2) y el tiempo (62 días vs. 83 días), así como la interacción. Los datos se presentaron con el valor medio seguido de la raíz del error cuadrado de la media (RMSE), seguido de la probabilidad (P). Las diferencias se consideraron estadísticamente significativas cuando P<0,05.

Resultados

Los pesos medios de los cerdos el día 63, después del inicio del periodo experimental fueron 150kg (±4,70kg) y 157,17kg (±5,20kg) en los animales que recibieron el pienso 1 y 2 respectivamente, ascendiendo tales pesos a 155,40kg (±5,10kg) y 160,50kg (±4,80kg) en el día 84 final del experimento, por lo que el crecimiento medio diario fue de 257,14g y 158,57g para los cerdos que consumieron el pienso 1 y 2 respectivamente, lo que significa que la ingestión energética diaria de los cerdos, entre los días 64 y 84 del periodo de acabado, fue ligeramente superior a las necesidades de mantenimiento alrededor del 27% y 17% más elevado según FEDNA (2013) en los cerdos que consumieron el pienso 1 y 2, respectivamente.

En la Tabla 2 se observa la comparativa del perfil de ácidos grasos de las muestras de grasa externa tomadas los días 62 y 83 tras una alimentación en régimen próximo al de mantenimiento de los 2 grupos en función del tipo de pienso suministrado. Se observó que los ácidos grasos afectados según el tipo de pienso utilizado fueron el C18:0, C18:2n-6, C18:4n-3, C20:0 y C20:3n-9. El pienso 2 dio lugar a mayor contenido en C18:0 (P=0,033), C20:0 (P=0,0050). También se detectó una marcada tendencia a que el pienso 2 tuviera proporciones de C18:1n-7 superiores, aunque las diferencias no llegaron a ser significativas (P=0,0659). Sin embargo, el uso del pienso 2 dio lugar a contenidos inferiores de C18:2n-6 (P=0,0001), C18:4n-3 (P=0,028), C20:3n-9 (P=0,0092) y total de ácidos grasos poliinsaturados n-6 (P=0,0002). Examinando los datos medios obtenidos para los ácidos grasos poliinsaturados n-6 en función del tipo de pienso, es notable la diferencia de más de un punto porcentual, en torno al 12,7 % con el pienso 1 y del orden del 11,4 % con el pienso 2, del nivel de estos ácidos grasos en el perfil lipídico. Estas diferencias específicas en ácidos grasos dieron lugar a cambios en la proporción de los principales grupos de ácidos grasos (Tabla 3). De forma que la alimentación con el pienso 2 produjo en la grasa subcutánea una tendencia a tener mayor proporción de ácidos grasos saturados (P=0,0643), monoinsaturados n-7 (P=0,0766), así como menor proporción en ácidos grasos poliinsaturados n-6 (P=0,0002).

Así mismo, los ácidos grasos afectados significativamente por el tiempo fueron el C16: 1n-7 (P=0,0494), C18:1n-7 (P=0,0001) y el C18:4n-3 (P=0,0094) que disminuyeron mientras que la proporción del C18:0 aumentó (P=0,015) (Tabla 2). Por otra parte, el tiempo sólo afectó de forma significativa a la proporción de monoinsaturados n-7 (P=0,0001) (Tabla 3). La proporción media de estos ácidos grasos sobre el total del perfil en la muestra tomada el día 62 fue del 5,05%, mientras que el día 83 el porcentaje fue del 4,36%.

La proporción de ácidos grasos en el perfil graso de las muestras de grasa interna subcutánea de los animales alimentados con los piensos experimentales se expone en la Tabla 4. Los resultados obtenidos para aquellos ácidos grasos influenciados por el tipo de pienso administrado indican que existen proporciones superiores de C20:3n-9 y C18:2n-6 con el suministro del pienso 1, mientras que para los ácidos grasos C10:0, C16:0 y C22:5n-3, las proporciones fueron inferiores en el pienso 1 respecto al pienso 2. Además, los animales alimentados con el pienso 2 tendieron a exhibir valores de C17:0 (P=0,087) y C17:1 (P=0,057) numéricamente superiores en su grasa subcutánea en comparación con los que recibieron el pienso 1, aunque las diferencias no llegaron a ser significativas. Al analizar conjuntamente las proporciones de los principales grupos de ácidos grasos en el perfil lipídico de las muestras de grasa interna subcutánea (Tabla 5) se observó que el tipo de pienso influyó en la proporción de los ácidos grasos saturados (P=0,0074) y los poliinsaturados (PUFA) n-6 (P=0,0001). No se observaron cambios significativos con el tiempo bajo el régimen nutritivo próximo al mantenimiento de los cerdos en los principales grupos de ácidos de la grasa subcutánea interna, ni se observaron interacciones estadísticamente significativas entre ambos factores.

Por otra parte, el tiempo en régimen próximo al mantenimiento (Tabla 4), desde el día 62 al 83, redujo significativamente los niveles de los ácidos grasos C18:1n-7 (P=0,0289), C18:3n-3 (P=0,0013), C20:5n-3 (P=0,0161) y C22:5n-3 (P=0,0014). Sin embargo, en lo que concierne a los resultados de la interacción tiempo × tipo de pienso (Tabla 4) no se detectaron diferencias estadísticamente significativas.

Discusión

La utilización de un pienso con menor contenido en grasa y mayor aporte de carbohidratos (2) dio lugar a mayores niveles de ácidos grasos saturados (sobre todo C18:0 y C20:0) en la capa externa subcutánea que otro pienso con mayor contenido en grasa (1). El pienso 2 proporcionó mayor cantidad de cereales, lo que supone una mayor cantidad de almidón en la ración (De Blas et al., 2010), y por tanto de glucosa disponible, por lo que la síntesis endógena pudo predominar. Diversos autores ponen de manifiesto que la síntesis endógena de ácidos grasos produce como resultado ácidos grasos saturados en una proporción próxima al 45% y alrededor del 55% de ácidos grasos monoinsaturados (Brooks, 1971). Se ha observado que el cerdo ibérico posee una alta capacidad lipogénica con mayor expresión de genes relacionados con la síntesis endógena de grasa a partir del consumo de dietas ricas en carbohidratos (Daza et al., 2007; Benítez et al., 2016). Los efectos en la capa interna como consecuencia del tipo de pienso administrado dieron lugar a resultados similares a los observados en la capa externa con un mayor incremento en la proporción de ácidos grasos saturados, en especial C16:0 con el consumo del pienso 2. Está capa además presentó mayor contenido en ácidos grasos saturados que la capa externa, lo que está de acuerdo con datos de otros autores (Bee et al., 2002; Daza et al., 2007), y puede ser debido a una mayor actividad enzimática del ácido graso-sintetasa en la capa interna (Bee et al., 2002).

El incremento de las proporciones de ácidos grasos saturados y monoinsaturados dentro del perfil graso total como consecuencia del tipo de pienso administrado supone una disminución de la proporción de C18:2n-6 por dilución en similar proporción (Wood et al., 2008; Daza et al., 2007), y este efecto fue observado en ambas capas de grasa. Por otro lado, la menor proporción de C18:2n-6 en el perfil graso de los animales alimentados con el pienso 2 respecto al pienso 1 pudo también estar influenciada por la movilización preferente de este ácido graso. Los ácidos grasos poliinsaturados son de movilización rápida, seguidos de los monoinsaturados y en último lugar los saturados (Raclot y Groscolas, 1993; Connor et al., 1996). Raclot y Groscolas (1993) determinaron que un ácido graso es más fácilmente utilizado para fines metabólicos cuando su cadena hidrocarbonatada, dentro del rango comprendido entre 18 y 22 carbonos, es más corta, dispone de un mayor número de insaturaciones y sus dobles enlaces están situados en las posiciones más cercanas al grupo metilo terminal de la cadena. El elevado nivel de inclusión de C18:2n-6 en la dieta mediante la administración del pienso 2, conlleva una más libre disposición de dicho ácido graso que favorece su β-oxidación para la obtención de energía (López-Bote, 2001), influyendo en la reducción de sus niveles en el perfil graso. Sin embargo, se ha observado que en el cerdo ibérico serían necesarias más de 24 horas de privación de alimento para observar efectos en la expresión de ciertos genes involucrados en la lipolisis (Benítez et al., 2016). Teniendo en cuenta que los animales se encontraban bajo un régimen nutritivo restringido, casi cercanos al mantenimiento, la movilización, de haberse dado, sería moderada y por tanto los cambios observados podrían ser también debidos a un efecto dilución. Además hay que tener en cuenta que aunque la proporción de C18:2 fue superior en el pienso 2, el contenido en grasa de este pienso fue inferior por lo que la diferencia en el aporte de C18:2 con la alimentación entre ambos piensos fue de 8 puntos porcentuales (12% vs. 18%). La proporción de C18:2n-6 encontrada en el perfil lipídico de la grasa de animales que consumieron el pienso 2, estarían más cercanas a las proporciones establecidas como recomendadas (9-10%) por motivos tecnológicos en el ibérico, incluso en los alimentados con piensos compuestos (López-Bote et al., 1999), puesto que un mayor contenido en C18:2n-6 está asociado a problemas en el procesado de derivados cárnicos y a la aparición de sabores y olores a rancio (Wood et al., 2008).

En cuanto a los efectos observados sobre la menor proporción de C20:3n-9 con el consumo del pienso 2 en ambas capas, éste ácido graso se sintetiza a partir del C18:1n-9 por fenómenos de elongación y desaturación y es el principal ácido graso procedente de ácidos grasos no esenciales (Brenner, 1989). En caso de que el aporte de ácidos grasos esenciales como el C18:2 en la dieta disminuya, la síntesis de otros ácidos grasos insaturados procedente de C18:1n-9 y C18:1n-7 continua dando lugar a una mayor acumulación de C20:3n-9 (Brenner, 1989). En el caso del pienso 2, con un elevado aporte de C18:2n-6 en la dieta, pudieron no ser necesarios fenómenos de desaturación a partir de sus precursores n-9; o bien como se ha indicado anteriormente, su disminución pudo deberse en parte a fenómenos de dilución por el aumento de otros ácidos grasos mayoritarios sintetizados.

En lo que se refiere al C22:5n-3 afectado en la capa interna y precursor obligado en la síntesis del C22:6n-3 (Voss et al., 1991), que es un componente habitual de los fosfolípidos de membrana celular, los altos niveles de C18:2n-6 en el pienso 2 a causa de la alimentación y su mayor uso metabólico pudieron influenciar directamente la acumulación de otros ácidos grasos n-3. Siendo conscientes de la competición existente entre los ácidos grasos poliinsaturados n-6 y n-3 por ejercer la misma función estructural y dado que ambos compiten por la enzima δ-6 desaturasa (Brenner, 1989; Nguyen et al. 2003), la disminución de la proporción de los ácidos grasos poliinsaturados n-6 existente en el perfil graso asociado al consumo del pienso 2 facilitaría el aumento de la proporción de C22:5n-3. El aumento de estos ácidos grasos minoritarios es un aspecto interesante puesto que sus niveles en la alimentación se los ha relacionado con mayor respuesta inmunitaria y protección cardiovascular (Brenner, 1989), por lo que un aumento de los mismos suponen una mejora del valor nutricional de los productos.

Además, en el presente estudio se observa una relación inversa entre el tiempo en restricción alimenticia y la concentración de monoinsaturados n-7 en el perfil graso. Esto puede explicarse por la predisposición de este grupo de ácidos grasos, y en especial el C16:1n-7, para sufrir la β-oxidación en periodos de ayuno o restricción (Power et al., 1997). Una dieta asociada a una severa restricción para acercarse a niveles de mantenimiento, trata de administrar el aporte de nutrientes necesaria para que exista poca variación de peso. Sin embargo, durante el manejo de esta práctica es posible que existan instantes de ayuno donde el balance energético es negativo y es necesaria la movilización de reservas energéticas para el normal funcionamiento del organismo. En esta situación, la superior afinidad del palmitoil-CoA para ser rápidamente catalizado por la carnitina palmitoiltransferrasa I (CPT I) respecto al resto de ácidos grasos (Power et al., 1997), predispone al C16:1n-7 a sufrir la β-oxidación, situándose como una de las principales fuentes energéticas, evitando su almacenamiento como triglicérido. Además, la disminución de los niveles de C18:4n-3 en el tiempo se puede deber también a su posible movilización energética durante la restricción para acercarse al nivel de mantenimiento ya que su estructura molecular, facilita su uso metabólico (Raclot y Groscolas, 1993). En la capa interna además se observó la disminución de otros ácidos grasos de la familia n-3 (C18:3n-3, C20:5n-3 y C22:5n-3) a lo largo del periodo en restricción próximo al mantenimiento. Nieminen et al. (2006), también encontraron una movilización preferente de los ácidos grasos n-3 en visones sometidos a una restricción de alimento. Estas variaciones observadas durante el tiempo en restricción podrían explicarse como se ha indicado, por su mayor movilización metabólica respecto al resto de ácidos grasos (Raclot y Groscolas, 1993; Connor et al., 1996) y a su acción como precursores para la síntesis de otros ácidos grasos, como el C22:6n-3 (Voss et al., 1991) y hormonas eicosanoides (Aires et al., 2005). Gracias a la enzima δ-6 desaturada, se realiza la síntesis de C22:5n-3 a partir del C20:5n-3 (Voss et al., 1991). El C22:5n-3 es un metabolito obligatorio para llevar a cabo la síntesis de C22:6n-3, mediante una elongación, para finalizar la ruta sintética mediante una β-oxidación a nivel de los peroxisomas (Voss et al., 1991). Sin embargo, debido a la pequeña proporción que estos ácidos grasos suponen respecto al total, las diferencias no se manifestaron en el total de n-3. Por último, no sólo se produjo una disminución de algunos ácidos grasos minoritarios durante el tiempo en restricción próxima al mantenimiento, sino que además se observó un incremento de los niveles de C18:0 que podría deberse en parte a su formación porque la síntesis endógena está siendo un proceso metabólico activo durante el tiempo (Wood et al., 2003), pero la movilización de los ácidos grasos saturados es muy dificultosa en comparación con otros ácidos grasos (Connor et al., 1996).

No se encontraron valores estadísticamente significativos que pudieran sugerir que el tipo de pienso administrado tuviera distinto efecto según el tiempo en restricción cercana al mantenimiento (interacción) en los cambios acontecidos en el perfil graso de la capa externa de la grasa subcutánea, lo que hace pensar que la pequeña movilización de ácidos grasos que se produce durante el tiempo de espera, apenas se ve influenciada por el origen de la fuente de energía. Esto, a efectos prácticos, puede ser muy interesante, puesto que en casos en los que el pienso que está recibiendo el lote de animales en espera se agotara y tuviera que ser sustituido por otro, se encontrarían pocas diferencias sobre el perfil graso mientras los cerdos permanezcan restringidos o en mantenimiento.

Conclusiones

En conclusión, la administración de un pienso con menos grasa y mayor contenido en carbohidratos produce un aumento en la proporción en ácidos grasos saturados debido a una mayor síntesis endógena. Esto se traduce en una menor proporción de ácidos grasos poliinsaturados n-6 en el perfil graso de las capas externa e interna de la grasa subcutánea. Estos cambios parecen más significativos en la capa interna que en la externa. Sin embargo, el periodo de espera bajo una severa restricción alimenticia próxima al mantenimiento produce pequeños cambios en el perfil de ácidos grasos de la grasa subcutánea. Los principales efectos se observan en los ácidos grasos monoinsaturados n-7 y algunos ácidos grasos específicos de la familia n-3, debido a su fácil capacidad de ser metabolizados. Por otra parte, el perfil de ácidos grasos de la grasa subcutánea no se ve afectado de forma significativa según el pienso recibido durante el tiempo de espera bajo una importante restricción próxima al mantenimiento, lo que supone un avance para el manejo por el ganadero en este sector productivo. Estos resultados pueden ser de utilidad para mejorar el cebo de cerdos ibéricos puros y sobre su posible aplicación en cerdos cruzados, siendo necesario algún estudio adicional para confirmarlo.

Autores

  • Ana I. Rey,Pablo Garre. Dpto. Producción Animal, Facultad de Veterinaria, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, España.
  • Argimiro Daza. Dpto. Producción Agraria, Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas, Universidad Politécnica de Madrid, Madrid, España.

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