El mercado del porcino en Reino Unido presenta una relevancia importante a nivel mundial. Caracterizado por una gran madurez y saturación, competir en el mercado británico supone tanto una gran oportunidad como un gran reto.

El Reino Unido es un país netamente importador de carne porcina. Así, alrededor del 60% de la carne consumida por los británicos procede de otro país. Esto contrasta fuertemente con la producción de la Unión Europea, la cual tiene unos porcentajes de autoabastecimiento del 112%. Por otra parte, a pesar de que la producción local se ha mantenido en cifras similares a lo largo de los años, han conseguido optimizar el rendimiento de cada cerdo a través de aumentar la exportación de partes del cerdo poco populares entre los británicos y más demandadas por otros países.

En cuanto a las exportaciones al Reino Unido, España se posiciona como sexto país exportador tanto en valor como en volumen, habiendo aumentado un 14% sus exportaciones en los últimos 5 años. Destacan también la gran concentración de las exportaciones: 5 países conforman más del 70% del mercado tanto en valor como en volumen.

Puesto que las ventas se realizan en función de la pieza de cerdo que se ofrezca, es interesante ver que las cifras más altas para España son en venta de carne fresca, refrigerada o congelada (33.796 toneladas) los embutidos (12.237 toneladas) y los jamones y paletas curadas (1.041 toneladas). Aunque inicialmente pueda resultar sorprendente, España no es el líder de ventas en estas categorías, ya que bajo el mismo TARIC también se comercializan otros productos como ahumados o en salmuera. Por tanto, sin ser competidores inmediatos de los productos españoles, desplazan el posicionamiento de España ya que se exportan bajo las mismas referencias.

La carne porcina continúa siendo una de las principales fuentes de proteínas cárnicas en el Reino Unido. El cerdo es el segundo animal más consumido (516,1 toneladas en 2019) después de las aves de corral (1.167.1 toneladas). Mientras el consumo aviar aumentó un 7,2% en el periodo 2014/2019, la carne porcina descendió un 7,5%, tan solo por detrás de la vaca y ternera con un 7,9%. Se prevén más caídas para los próximos años: un 3,2% en el periodo 2019/2024. Esto se debe a que los consumidores se preocupan cada vez más por su salud, en la que el cerdo, al ser una carne roja, se considera menos saludable.

Ciertas piezas del cerdo se venden en volúmenes muy superiores a otras piezas. Así, se consumen 222 toneladas anuales de beicon, 156,7 de carne fresca, 131,5 de jamón cocido en lonchas y 125,8 en salchichas frescas, mientras el cerdo en lonchas apenas supone 3,6 toneladas, y la carne congelada 2,7. Muchas de estas piezas como el beicon o las salchichas se consumen predominantemente durante el desayuno: un 38% de la ingesta porcina se realiza en esta comida.

La adopción de hábitos de vida más saludables por parte de los consumidores británicos es uno de los factores principales por el cual la demanda porcina es cada vez menor. La carne roja está siendo sustituida por carnes más magras, huevos, pescado y alternativas a base de plantas. Cada vez más, los veganos, vegetarianos, piscitarianos y flexitarianos ejercen una mayor presión para el descenso crítico del consumo. El otro gran factor es la incipiente preocupación por el bienestar animal y la huella ambiental que dejan las industrias cárnicas.

Como resultado de estas tendencias, se demanda carne de mayor calidad, con certificaciones ecológicas o de bienestar animal. Además, mientras durante la semana el consumidor medio son determinantes para su compra el precio y el sabor, en el fin de semana se tiende hacia la indulgencia, el precio pasa a un segundo plano y se busca probar platos nuevos.

En cuanto a los precios, la libra esterlina GBP sigue siendo definida como una moneda fuerte. Qué precios mantendrán los productos tras finalizar al Brexit es una incógnita, puesto que podrían cambiar debido a las demandas del consumidor en una nueva situación en caso de implementarse aranceles.

En la formación de precios, la media de costes destinados a la alimentación ronda el 60% de la producción. Es llamativo que, si bien estos costes se mantienen estables a lo largo de los años, los beneficios fluctúan notablemente dependiendo de los trimestres.

Por otra parte, el precio de venta al público muestra cómo los valores dependen de la parte del cerdo que es consumida y el establecimiento en dónde se adquiere. Los embutidos y la carne en lonchas tienen un precio muy superior a la carne fresca. Además, es interesante observar cómo el prosciutto italiano, competidor directo del jamón serrano, tiene precios sistemáticamente inferiores a los españoles.

A través del store check realizado, se puede observar cómo tanto las carnes frescas, como las congeladas y las transformadas se suelen comercializar bajo marca de distribuidor. Sin embargo, hay una serie de productos que aparecen referenciados como “Spanish Chorizo” o “Spanish ham”, asociando al producto con la gastronomía española como un factor positivo. Factores como el turismo británico en España o la presencia de grandes restaurantes españoles de prestigio en el Reino Unido ayuda a divulgar una imagen positiva del producto español.

Más del 80% del porcino se consume en el canal detallista en comparación al HORECA. Este último, tiene el índice de ventas más elevado en los restaurantes de comida rápida (61%), lo que no ayuda a generar una imagen de producto saludable. Por otra parte, del canal detallista destaca el claro liderazgo de Tesco con un 25,4% de la cuota. Los seis principales competidores detienen más del 77% de la cuota, lo que pone de manifiesto la madurez del sector.

Estas grandes marcas no solo compiten en supermercado e hipermercados, sino que también han expandido el negocio abriendo pequeños locales, los cuales hacen competencia a las tiendas de conveniencia y al pequeño comercio. En este contexto, las carnicerías en su totalidad llegan al 7,9% de la cuota. Ante esta competición tan agudizada, el pequeño comercio se diferencia con una percepción de mayor calidad junto al valor añadido que proporcionan.

Cabe destacar dos fenómenos en el canal detallista: por una parte, mucha de la carne comercializada es a través de la marca del distribuidor. Esto, en el Reino Unido se interpreta como un sello de calidad y confianza hacia el producto. Por otra parte, las tiendas de descuento en los últimos años han generado mayor confianza en los consumidores, y por consiguiente han aumentado sus cuotas en el canal.

Debido a las economías de escala y presión por bajar los precios, la intensa competitividad del canal minorista se reproduce también en las ventas online. Así, las cuatro principales compañías vuelven una vez más a liderar el mercado online de productos frescos. La presencia multicanal se convierte en una demanda del mercado cada vez más común. Por tanto, las ventas online complementan a las ventas en los establecimientos. La excepción son las tiendas de descuento, ya que algunas todavía no tienen tienda online, aunque esta situación podría cambiar en los próximos años.

Actualmente el Reino Unido se encuentra en proceso de salida de la Unión Europea. Sin embargo, mientras dure el periodo transitorio, a efectos prácticos sigue siendo parte de la Unión. Esto implica que, de momento y hasta el 31 de diciembre de 2020, no hay aranceles dentro del territorio, con lo cual el exportar desde España a Reino Unido no tiene valores añadidos en términos tarifarios.

El impacto que tendrá la salida del Reino Unido sigue siendo una incógnita. En el peor de los escenarios -en caso de no acuerdo- las exportaciones porcinas a Reino Unido tendrán aranceles. Recientemente los organismos oficiales competentes en la materia han publicado una relación de los aranceles que se implementarían en este caso. Si bien unos pocos productos tienen un arancel del 0%, la gran mayoría tendrían aranceles que van desde el 10% hasta 126 GBP/100 kg, como es el caso de cierto tipo de jamones y paletas.

Cada vez se consume menos carne porcina en el Reino Unido, y se espera que esta tendencia se prolongue a lo largo de los años. El motivo principal es la percepción del impacto que ejerce sobre la salud las carnes rojas, acompañado de una mayor preocupación medioambiental. Es por esto por lo que se espera que también haya una mayor calidad de carne premium, orgánica y con certificaciones que tranquilicen las inquietudes anteriormente mencionadas.

Hay dos circunstancias que se deberían contemplar: por una parte, existe una mayor tendencia al consumo de productos locales por parte de los británicos. Por otra parte, se exporta más del 60% de la carne de la que se abastece el Reino Unido, siendo España la sexta posición que más exporta a este país. En caso de imposición de barreras comerciales tras el Brexit, puede tener un impacto negativo en las exportaciones españolas, aunque a corto plazo el Reino Unido no tenga capacidad para introducir en su propio mercado mercancía más competitiva.

En esta situación, la Unión Europea podría reorientar su exportación porcina a China, gran importador de este producto. Por otra parte, las islas británicas podrían buscar otros importadores como Estados Unidos, Canadá o Brasil. Si llegaran a firmar acuerdos con estos países, se establecerían relaciones comerciales estables en detrimento de la Unión Europea.

A raíz de los acontecimientos desencadenados por la crisis sanitaria del Coronavirus en el primer trimestre de 2020, se ha producido un impacto en el consumo cárnico. Resulta difícil cuantificar cómo afecta, porque si bien se está comprando más carne en los hogares, muchos restaurantes permanecen cerrados durante la pandemia.

Ante estas circunstancias, sumada a la ya de por sí dura competición que presenta el mercado británico, se muestra evidente la necesidad de buscar oportunidades en el sector que generen espacios en los que la industria pueda prosperar. De esta manera, una de las principales recomendaciones es que se tengan en cuenta las preocupaciones de los consumidores sobre el impacto en la salud, el medio ambiente y el trato animal. Así se recomienda productos de alta calidad, certificados de buenas prácticas y comercialización de las partes más magras del cerdo.

Además, como el consumidor británico busca en su día a día comodidad y facilidad en el preparado de sus comidas, se proponen distintas fórmulas: comidas ya preparadas que se puedan calentar en el microondas, carne con recetas y especias para prepararla, cortes en función del plato que se consume o comercializar la carne acompañándola de recetas españolas. Esta última manera intentaría crear una conexión emocional con el consumidor ante un producto que se vende de forma indiferenciada.

Pueden descargar el informe completo, previo registro en el siguiente enlace: www.icex.es/icex/es/navegacion-principal/todos-nuestros-servicios/informacion-de-mercados/estudios-de-mercados-y-otros-documentos-de-comercio-exterior/DOC2020858166.html

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