Tradicionalmente, España ha sido un país con las exportaciones e inversiones en el exterior muy focalizadas en Europa, y secundariamente en América y el norte de África. En la zona más pujante del mundo ahora, Asia-Pacífico, “no tiene el peso que le correspondería a un país que está entre la décima y la duodécima potencia mundial; en cualquier estadística estamos en el 20”, afirma Ruben García-Quismondo, socio director de Quabbala, Abogados y Economistas y experto en los mercados asiáticos.

Lejos de verlo como un inconveniente, para García-Quismondo esta circunstacia es positiva, porque “significa que hay mucho recorrido para alcanzar al menos el nivel que corresponde”. En el último mes, este experto ha estado en Andalucía impartiendo conferencias sobre cómo hacer negocios en China y Asia-Pacífico, concretamente en la Cámara de Comercio de Sevilla, y en el Colegio de Economistas y en el Palacio de Congresos de Málaga.

Lo primero que debe saber una empresa que pretenda probar con la zona es que “son mercados maduros, en los que no te van a facilitar nada”. La competencia es muy fuerte, con operadores locales y de otros países. Pero, dicho eso, si se invierten los suficientes recursos, si se prepara el terreno con una cierta anticipación, se superan las dificultades culturales y se calcula bien el retorno en un medio-lago plazo, la experiencia dice que la firma despegará. “A las que han hecho eso les va muy bien en sus negocios”, afirma García-Quismondo, que recuerda que países como China están potenciando el mercado interior y fomentando el consumo, pese a la desaceleración del crecimiento.

En esta apuesta, España tiene debilidades y fortalezas. “La mayor facilidad es que la imagen del país es positiva. Sorprende el nivel de conocimiento sobre la liga de fútbol; y saben del flamenco, de los toros, de nuestra historia. No somos un país más, nos conocen”, afirma, y pese a que todavía al país no se le asocia con “tecnología y alto valor añadido” (aunque sí al conjunto de Europa), el conocimiento, el ser situados en el mapa, es “positivo de cara a hacer negocios”. El inconveniente mayor es el tamaño medio de las empresas, que en España es pequeño y a veces no tienen capacidad para acercarse a mercados tan alejados. Por eso García-Quismondo recomienda asociarse en clusters, solicitar ayudas públicas, buscar un distribuidor e invertir en recursos humanos y materiales. Para instalarse, lo mejor, asegura, es abrir oficina en Hong Kong, ya que allí no hay aranceles, el idioma oficial es el inglés y se rige por la legislación británica. A partir de ahí, lo suyo es extenderse poco a poco. “Se trata de ir a ferias y si no ha ido mal, volver; es un proceso de años, en el que las relaciones personales son muy importantes, la confianza es fruto de muchas reuniones y muchas visitas”. En China, y en general en Asia, los resultados son a medio y largo plazo.

Por sectores, Andalucía tiene mucho que ganar en el agroalimentario. En vinos, el jerezes “conocido mundialmente” y arrastra a otras zonas como Condado de Huelva. El jamón ibérico es “un ejemplo paradigmático” de cómo un producto ha ganado posición en el mercado. “Teníamos competidores, como el de Parma italiano o el francés de Bayona, pero hemos logrado que se asocie a más calidad y a España”, afirma. Eso, sin embargo, no ha sucedido con el aceite de oliva, a pesar de su intenso crecimiento. “Está más asociado a Italia. No se tiene claro que España lo produzca, se sabe que hay aceite de oliva del país, pero no hemos logrado diferenciarnos, a pesar de un crecimiento de las exportaciones de de dos dígitos. Nos falta un poco”.

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