Investigadores del MED de la Universidad de Évora (UÉ) en colaboración con INIA de España acaban de publicar el primer artículo científico sobre el transcriptoma (conjunto de moléculas de ARN que existen en un momento dado en las células) de la grasa subcutánea de las 2 principales razas porcinas indígenas de Portugal, la raza Alentejo y la raza Bísara. El estudio encontró más de 450 genes con diferentes niveles de expresión en la grasa de las 2 razas. Algunos de estos genes pueden usarse como marcadores en la selección genética de estas razas, con el fin de mejorar la calidad de los productos obtenidos.

Explorar las funciones del genoma a nivel de tejido adiposo en las razas indígenas portuguesas Alentejana y Bísara fue el objetivo principal del equipo de investigadores del proyecto europeo TREASURE, particularmente “identificar el grado en que el perfil genético de cada raza influye en los mecanismos asociados con la deposición de lípidos y contribuye a las características fenotípicas de cada una de estas razas”, subraya José Manuel Martins, profesor del Departamento de Zootecnia e investigador del MED.

El investigador enfatiza que la raza Alentejana se caracteriza por su crecimiento lento y su importante capacidad para acumular grasa subcutánea e intramuscular, mientras que la raza Bísara se caracteriza por su crecimiento más rápido y su capacidad de acumular grasa es más baja que la de la raza Alentejana.

En total, se identificaron 458 genes que mostraron diferencias estadísticamente significativas con respecto a su expresión en la grasa subcutánea de estas 2 razas porcinas. De estos, 263 se identificaron en la raza Alentejo y 195 en la raza Bísara, enfatiza José Manuel Martins, y agregó que ciertos genes clave para la síntesis de ácidos grasos se expresaron más en el cerdo Alentejo, así como los genes involucrados en los procesos de alargamiento y desaturación de ácidos grasos (reacciones bioquímicas que aumentan la cantidad de átomos de carbono en los ácidos grasos y que transforman una grasa saturada en una insaturada), resultados que están de acuerdo, como subrayó el investigador, con los análisis bioquímicos de la grasa de estos animales, lo que indica un mayor porcentaje de ácido oleico (monoinsaturado) que el de la raza Bísara y las razas porcinas modernas.

Por otro lado, el análisis funcional realizado señaló un papel importante de varias moléculas reguladoras en la actividad lipolítica (degradación lipídica) en la raza Bísara. También se planteó la hipótesis de que la raza Bísara es más sensible a la insulina que la raza Alentejo, que, al igual que la raza ibérica, que es genéticamente similar, tendrá más resistencia. La resistencia a la insulina está, entre otras cosas, relacionada con la acumulación de grasa (obesidad), destaca.

Estos resultados, según lo declarado por José Manuel Martins, están de acuerdo con los perfiles de adiposidad establecidos para cada raza, más altos en Alentejana y más bajos en Bísara, así como la característica más monoinsaturada de la grasa de la raza Alentejo. El mismo investigador del MED señala que “se dice que los alimentos ricos en ácidos grasos monoinsaturados son menos dañinos para la salud del consumidor que los ricos en ácidos grasos saturados”. Por lo tanto, estos estudios “ayudan a comprender en detalle los mecanismos genéticos por los cuales los animales tienen características diferentes a pesar de que se encuentran en condiciones ambientales idénticas”, como fue el caso.

Para este estudio, se recolectaron muestras de tejido adiposo de animales (aproximadamente 150kg) de ambas razas en matadero y se mantuvieron a -80ºC hasta el análisis. Después de la extracción de ARN o ácido ribonucleico (moléculas con diversas funciones, como la producción de proteínas) de las muestras con un kit específico, el ARN mensajero fue aislado y secuenciado utilizando técnicas de secuenciación de nueva generación en la plataforma Ilumina® (ARN -seq). El análisis bioinformático en el entorno R de los resultados producidos (aproximadamente 90 gigabytes de datos) permitió a los investigadores cuantificar la expresión de genes e identificar cuáles se expresaron de manera diferente entre las razas. Además, un análisis funcional utilizando software de bioinformática que agrega varias bases de datos, también permitió identificar varias moléculas reguladoras de las principales funciones biológicas representadas, destaca el profesor del MED.

José Manuel Martins enfatiza que la alteración genética de estos animales no está en juego, el estudio tuvo como objetivo conocer los principales productos codificados por el genoma de cada una de las razas y de ninguna manera estos animales fueron genéticamente modificados. “Lo que obtienes no es más que información sobre cuáles de tus genes están más o menos expresados”, es decir, cuáles están más o menos activados, en respuesta al medio ambiente. Sin embargo, estos resultados pueden ayudar en la identificación de genotipos ideales para ser utilizados en programas de mejoramiento a través del cruce de líneas/animales que preservan características particulares de interés. En el caso de este trabajo, más relacionado con la calidad de la carne y los productos cárnicos (jamón y embutidos), pero los genes vinculados a la reproducción o el sistema inmune de los animales también se pueden estudiar y tener en cuenta.

El investigador considera que el desempeño de los análisis moleculares, aunque actualmente tienen un costo menor que el visto en el pasado reciente, sigue siendo muy costoso, lo que constituye “una de las principales dificultades de este tipo de estudios, a saber, obtener financiación que permita su realización”. En este sentido, la integración del estudio en un proyecto europeo y la colaboración con el INIA fueron “fundamentales, ya que esto no estaba previsto en el plan inicial del proyecto y era el interés mutuo de los equipos lo que permitió la recaudación de fondos necesarios para su realización”, destacó el investigador.

Desde un punto de vista técnico, la extracción y manipulación de ARN de este tipo de muestras también es una tarea particularmente difícil, ya que puede degradarse o contaminarse fácilmente con ADN o ácido desoxirribonucleico (una molécula que transporta la información genética necesaria para su funcionamiento), lo que perturbaría la obtención de resultados válidos en métodos posteriores. Por el momento, la Universidad de Évora ya cuenta con infraestructuras y varios investigadores vinculados a estudios de Biología Molecular y Transcriptómica, así como varios estudiantes de doctorado con becas.

José Manuel Martins afirma que, las 2 razas indígenas portuguesas investigadas, además de estar perfectamente adaptadas a las condiciones del medio ambiente mediterráneo, son reconocidas por la alta calidad de su carne y productos cárnicos procesados, superior a la de las razas porcinas modernas. La viabilidad de sus sistemas de producción, con un importante valor económico, ecológico y social en las regiones donde se encuentran, depende en gran medida del valor agregado económico de estos productos. Por otro lado, la base genética que regula los procesos metabólicos que influyen en la calidad de la carne y la grasa de estas razas y, en consecuencia, la calidad de los productos obtenidos a partir de ellas, recién ahora está comenzando a estudiarse.

Finalmente, estas 2 razas porcinas portuguesas nativas, que estaban al borde de la extinción en el siglo pasado, todavía se clasifican como razas amenazadas (Alentejo) y raras (Bísara). “Esto da lugar a una cierta urgencia en su estudio, similar a lo que se ve en toda Europa con otras razas indígenas”, agrega el investigador del MED, para corroborar con hechos científicos las particularidades de estas razas y la necesidad de su preservación.

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