La Universitat Politècnica de València, a través del grupo Cuina, es uno de los socios de FoodLab, un proyecto europeo cuyo objetivo fundamental es facilitar la llegada al mercado de nuevos productos e innovaciones culinarias ideadas por estudiantes universitarios, reforzando así las sinergias entre la universidad y la industria alimentaria. Además, FoodLab permitirá a las empresas del sector captar nuevos talentos en el ámbito de la ciencia y tecnología de los alimentos, lo que contribuirá a mejorar la empleabilidad de los estudiantes, así como el posicionamiento, liderazgo y competitividad de las propias empresas dentro de este sector.

Según explica Javier Martínez Monzó, investigador del grupo Cuina, actualmente existen unas carencias que lastran la posibilidad de que prototipos de alimentos de gran calidad diseñados y desarrollados por jóvenes estudiantes lleguen a los lineales de los supermercados. “Esas carencias son, fundamentalmente, de información sobre los aspectos legales, la protección intelectual del producto, la legislación de cada país, cómo hacer un plan de empresa…. Es este uno de los aspectos en los que incide el proyecto. Pero, además, desde FoodLab queremos facilitar el contacto de los universitarios con las empresas, ofrecerles información detallada sobre quién puede ayudarles a fabricar sus productos”, apunta Monzó.

Así, en el marco del proyecto se desarrollará una nueva plataforma web donde se alojará toda esta información, así como una detallada base de datos de empresas europeas de la industria alimentaria. “Será una punto de encuentro virtual único en Europa, que permitirá, por un lado, mejorar la formación de nuestros estudiantes para su salto al mundo empresarial y, por otro, facilitará la transferencia hacia las empresas de la innovación alimentaria”, destaca Martínez Monzó.

Además, a través de esta web se difundirán también todos los proyectos desarrollados por los estudiantes, de forma que las propias empresas podrán tener un acceso directo a “novedades alimentarias con gran potencial para llegar al mercado” surgidas directamente de proyectos ideados en las aulas universitarias.

“FoodLab ayudará a los estudiantes desarrollar sus capacidades empresariales y facilitará su empleabilidad; además, contribuirá a potenciar la transferencia de tecnologías e innovaciones, lo que redundará en una mayor competitividad de las empresas del sector”, concluye Martínez Monzó.

El proyecto, financiado por la UE en el marco del programa Erasmus+, está coordinado por la Cámara de Comercio e Industria de Vaucluse (CCIV) y en él están implicados además las federaciones alimentarias de España, Italia, Francia, República Checa y Hungría.

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