La inmunocastración como alternativa a la castración quirúrgica y al cebo de cerdas enteras en porcino ibérico

La producción porcina en la Unión Europea está condicionada por las políticas de calidad vigentes. Dicha calidad, hoy, se entiende en varios sentidos: calidad del sistema de producción (bienestar animal, respeto al medio ambiente, seguridad laboral, etc.) y calidad de los productos (seguridad alimentaria, certificaciones, figuras de calidad, etc.). Estas políticas persiguen un doble propósito. Por un lado, la protección de consumidores y mercados, y por otro lado, facilitar una oferta diferenciada a esos mismos consumidores y mercados, que gozan de poder adquisitivo y no presentan problemas perentorios de abastecimiento.

La preocupación de consumidores por la calidad en los sistemas de producción ha logrado que se prohíba la castración de las cerdas y se obligue a la anestesia y la analgesia prolongada en caso de castración de los machos.

La castración en la especie porcina no ha sido sólo una práctica común en la UE, sino que también es en ciertos casos un requisito del mercado, inexcusable para alcanzar la calidad de la carne destinada a productos curados. También en el caso de las hembras, la castración ha sido defendida por unos y cuestionada por otros. De hecho, la castración de éstas beneficia, como en los machos, varios parámetros determinantes, como el contenido y la composición de la grasa intramuscular, entre otros aspectos.

En lo que respecta a la raza ibérica, dadas las peculiaridades de su sistema de producción, la castración quirúrgica de las hembras se ha practicado de forma rutinaria para evitar la aparición de la pubertad e impedir la reproducción indiscriminada (en montanera) y los comportamientos sexuales agresivos, para mejorar la calidad de la carne y para evitar la aparición de aromas indeseables que pueden desarrollarse en la carne de animales enteros, debido a los pesos tan elevados de sacrificio.

De cualquier modo, la preocupación de los consumidores por  la producción porcina en la UE han motivado la búsqueda de diversas alternativas a la castración quirúrgica tradicional, aunque, a corto y medio plazo, la inmunocastración parece una de las mejores alternativas a la castración (de los machos), por sus beneficios en producción, la calidad de la canal y de la carne, la calidad de los productos curados y su efectividad en el control del olor sexual. Sin embargo, esta técnica ha sido
apenas estudiada en hembras de la especie porcina y nunca en cerdas de razas mediterráneas como la ibérica. De ahí que se planteara el estudio de la castración y la inmunocastración en hembras ibéricas, con el fin de comparar ambos manejos en intensivo y su influencia en los parámetros zootécnicos de cebo y matadero.

Este estudio busca conocer si la inmunocastración era efectiva en el cebo de cerdas ibéricas y si había o no ventajas significativas frente a la castración quirúrgica tradicional o, incluso, sobre el cebo de cerdas enteras. Las particularidades de la explotación y la variabilidad del peso al sacrificio en la raza ibérica hacen suponer, a priori, que no era posible recomendar una única pauta de inmunocastración, sino que debería adaptarse a las condiciones propias de cada granja y mercado. También era necesario, por tanto, definir los periodos del efecto del producto utilizado: cuándo era perceptible en forma de resultados productivos, cuándo se alcanzaba el máximo efecto y hasta cuándo se mantenía.

La investigación se desarrolló en las instalaciones del Centro de Pruebas de Porcino, en Hontalbilla (Segovia). Para ello, se utilizaron 192 cerdas ibéricas x duroc con 110 días de vida y un peso de 44,94kg (±3,41kg) que distribuyeron al azar entre los 3 tratamientos experimentales: castradas quirúrgicamente (CC), inmunocastradas (CI) y enteras (CE). En total, hubo 48 réplicas, de 4 cerdas cada una y 16 réplicas por tratamiento. En cuanto a las condiciones de manejo, se resalta lo siguiente: las celdas (réplicas con 1,4m2 por cerda) tuvieron cama de paja, bebedero de chupete y tolva holandesa.

Tras un periodo de adaptación de 2 semanas, comenzó el periodo experimental. Mientras que la castración quirúrgica de las cerdas correspondientes se había realizado con anterioridad, en la explotación de origen de los animales a los 2 meses de edad y según indica la normativa vigente, la inmunocastración se llevaría a cabo durante el periodo experimental citado, según esta pauta: una 1ª dosis a las 18 semanas de edad y 60kg de peso vivo, y una 2º dosis a las 22 semanas de edad y 84,2kg de peso vivo.

Durante el mismo periodo experimental, los animales se pesaron individualmente cada ±14 días, registrándose 11 pesadas en total: la inicial (P0) y las siguientes pesadas, de P1 a P10. La pesada P4 coincidió 10 días después de la aplicación de la 2º dosis de producto. En cada una de las pesadas se determinó el consumo total por celda y, a partir de ahí, el consumo medio diario por animal (CMD), la ganancia media diaria (GMD) y el índice de conversión (IC) alcanzado (kg de pienso/kg repuestos). Los piensos utilizados, en gránulo de 2,5mm, se administraron ad líbitum de acuerdo con la edad de los animales: cebo, hasta los 170 días de edad y 94,73 kg de peso vivo, y acabado, hasta el momento del sacrificio, a los 259 días de edad. Las fórmulas de los piensos pueden verse en la tabla 1.

Los animales se sacrificaron 99 días después de la 2º dosis de producto, en 2 lotes, aunque sólo el 1º de ellos se controló en matadero, registrándose los pesos de canales, paletas, jamones y lomos.

La evolución del peso vivo se representó en la figura 1, en forma de diferencias de peso entre los 3 tratamientos experimentales.

De este modo, pueden verse varias cosas. En 1º lugar, en el momento de la pesada P4 (10 días después de la 2ª dosis de producto), las cerdas inmunocastradas (CI) presentaron una diferencia de peso vivo despreciable (1,15kg) frente a las cerdas enteras (CE). Sin embargo, sólo 2 semanas después, en la pesada P5, las CI ya tuvieron 4,69kg más que las CE. Esta ventaja de peso vivo alcanzó valores máximos en la pesada P8, con 10,34kg (10 semanas tras la aplicación de la 2ª dosis de producto). Después, la diferencia de peso entre CI y CE disminuyó, aunque en P9 la ventaja fue, todavía, similar a la registrada en P7.

Por su parte, las CI comenzaron en P4 con un menor peso (-3,41kg) que las cerdas castradas (CC). Sin embargo, el efecto de la inmunocastración hizo que tales diferencias se anularan ya en P5 y se invirtieran a favor de las CI durante todo el periodo experimental: rápidamente hasta P8 y, todavía después, a un ritmo menor, hasta el momento del sacrificio en la P10, 14 semanas tras la aplicación de la 2ª dosis de producto.

Finalmente, subrayamos el hecho de que las CC tuvieron un mayor peso vivo que las CE (máximo de 4,93kg en P5), aunque esta ventaja disminuyó progresivamente, de tal manera que fue despreciable en P9 (1,27kg), invirtiéndose en P10 (-1,75kg) a favor de CE.

Los resultados sobre el consumo, la ganancia y la conversión se muestran en las figuras 2 y 3. Para su interpretación, se han de considerar 2 periodos distintos: preinmunocastración y posinmunocastración, separados por la pesada P4, que es la siguiente a la 2ª dosis. De acuerdo con la bibliografía, la inmunocastración sólo es operativa a partir de esa 2ª dosis, hasta ese momento, los animales se comportarían como enteros.

Además, el periodo de posinmunocastración se dividió en varias etapas, tantas como pesadas hay después de P4, debido a que la literatura científica sobre la inmunocastración en razas blancas demuestra que tras la aplicación de la 2ª dosis hay un intervalo mínimo de tiempo para la aparición de un efecto significativo y mensurable sobre los rendimientos productivos. De la misma manera, puede señalarse unos tiempos de efecto máximo y otros de duración máxima del efecto del antagonista hormonal. Dado que todos estos intervalos eran desconocidos en el caso de la raza ibérica, fue oportuno analizar todos los periodos posibles, desde P4 a cada una de las pesadas siguientes, de P5 a P10 (de 99 días a 14 semanas tras la 2ª dosis).

De ese modo se obtuvieron los datos de CMD, GMD e IC para 7 periodos distintos: la preinmunocastración (intervalo entre pesadas P0 y P4) y los posinmunocastración, de la pesada 4 a la 5º (hasta los 29 días tras la 2ª dosis de producto), de la pesada 4 a la 6º (hasta los 42 días), de la pesada 4 a la 7º (hasta los 56 días), de la pesada 4 a la 8º (hasta los 70 días), de la pesada 4 a la 9º (hasta los 84 días) y de la pesada 4 a la 10º (hasta los 99 días), que representa el periodo de posinmunocastración completo.

En la figura 2 se representan las diferencias entre CI y CE. Durante todo el periodo de preinmunocastración (de pesada 0 a 4), las diferencias en cuanto a CMD y GMD no fueron significativas entre ambos grupos experimentales. Sólo la conversión (IC) fue distinta entre ellos y mayor en las CE (3,38kg), lo que podría explicarse admitiendo que alguna cerda CI respondiera precozmente al tratamiento, desde algún momento anterior a la 2ª dosis de producto, lo que mejoraría su conversión, como se menciona en algún caso de la bibliografía.

En el periodo de posinmunocastración resultó incuestionable el aumento casi inmediato del consumo, porque las diferencias en el 1º intervalo de este periodo (de P4 a P5, es decir, hasta los 29 días tras la 2ª dosis), son de 0,813kg y en el intervalo siguiente, de 0,879kg, siempre a favor de las CI.

Durante ese mismo periodo la ganancia fue para cualquiera de los intervalos superior en CI que en CE, de tal modo que las diferencias permanecieron significativas hasta el momento del sacrificio y fue máxima en el 1º intervalo (0,224kg), disminuyendo paulatinamente tras ese momento.

Por lo que respecta a la conversión, las diferencias no fueron significativas hasta el intervalo 4-9 (hasta los 84 días), cuando las CE presentaron un IC acumulado para el periodo de posinmunocastración de 0,190kg menos que las CI (en el intervalo 4-10, es decir, en el periodo de posinmunocastración, la diferencia alcanzó los 0,270kg), hasta ese momento, los 84 días tras la 2ª dosis de producto, las conversiones de ambos grupos fueron similares.

En la figura 3 se han representado las diferencias entre CI y CC. Durante el periodo de preinmunocastración, las diferencias fueron claras entre ambos grupos experimentales: las castradas consumieron 0,460kg al día más que las CI, tuvieron una mayor GMD (0,059kg) y presentaron un mayor y peor IC (0,310kg).

En el periodo de posinmunocastración, el consumo “disparado” de las CI superó desde el 1º momento al de las castradas y las diferencias, significativas y muy marcadas, se mantuvieron hasta el sacrificio, con máximos en el intervalo 4-8 (0,520kg/día), a favor de las primeras. En consecuencia, la GMD también fue superior en las inmunocastradas, aunque con una mejor y menor conversión, principalmente en los primeros intervalos.

Las distintas velocidades de crecimiento (GMD) entre grupos experimentales provocaron distintos “tiempos de llegada” a cada uno de los posibles pesos de sacrificio, que se representa en la figura 4.

En función de los distintos mercados y pesos de sacrificio bajo los que se comercializa el ganado ibérico, optaron por representar el intervalo de 130 a 170kg de peso vivo en esta figura. Las cerdas CI alcanzaron los 130kg de peso 8 días antes que las cerdas CC y 12 días antes que las CE, mientras que las CC llegaron a ese peso 4 días antes que las CE. Se observa también que las CC ralentizaron, cada vez más su velocidad de crecimiento (GMD), por lo que primero perdieron la ventaja que presentaban frente a CE hasta los 150kg, y 2º, el retraso aumentó progresivamente. Por su parte, las cerdas CI mantuvieron una ventaja de 11 días de media, tanto sobre las cerdas CC como sobre las cerdas CE. En el caso de las CI estos pesos (130, 140, 150, 160 y 170kg) se alcanzaron al cabo de 46, 60, 74, 88 y 101 días tras la revacunación.

En la tabla 2 se muestran los resultados de calidad de la canal del 1º de los lotes enviados a matadero. Las canales fueron procesadas de acuerdo al método europeo de referencia, aunque, dada la falta de uniformidad en el peso al sacrificio de todo el lote de cerdas, en razón al diseño del experimento, no se encontraron diferencias significativas entre los 3 grupos experimentales ni en este peso ni en el del peso de la canal. Sí demostraron un menor rendimiento de la canal de las CE, seguramente por su menor contenido graso. Por lo que respecta a las piezas nobles, el peso de los jamones, las paletas y los lomos fue siempre superior tanto en CE como en inmunocastradas.

Conclusiones

La inmunocastración está considerado un método eficaz y aceptable desde todos los puntos de vista (calidad en la producción y calidad en los productos), pero las indicaciones y las pautas de uso deben adaptarse al peculiar sistema productivo del ibérico.

  • Respetar el intervalo entre dosis que recomienda el fabricante. Los efectos pueden demostrarse un mes después de aplicar la 2ª dosis, alcanzándose un efecto máximo a las 10 semanas de la revacunación y manteniéndose, como mínimo, hasta 14 semanas tras la dosis de recuerdo. Por lo que puede recomendarse una separación de 8 a 12 semanas entre la revacunación y el momento del sacrificio para obtener los mayores beneficios.
  • La inmunocastración puede utilizarse en hembras como alternativa segura a la castración tradicional. Esto se traducirá en un consumo mayor (12% más de media) y un crecimiento más rápido (22,24% de media), con la ventaja adicional de un mejor IC (-7,6%), 11 días menos de cebo y un mejor despiece en matadero.
  • La inmunocastración es una alternativa a la producción de CE. En otras palabras, aumentará el consumo (21,25% de media), la velocidad de crecimiento (19,24%) y disminuirán los días de cebo (hasta 11 de media), sin que se penalice la conversión (1,44%), especialmente a pesos de sacrificio inferiores a 150-160kg, ni los rendimientos de piezas nobles de la canal.
Autores
  • Eduardo de Mercado de la Peña, Emilio Gómez Izquierdo y José Gómez Fernández. Centro de Pruebas de Porcino. Instituto Tecnológico Agrario. Consejería de Agricultura y Ganadería de la Junta de Castilla y León.
  • Cristina Tomás Almenar. Centro de Investigación y Tecnología Animal (CITA-IVIA) de Castellón.

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