«Latinoamérica es una región muy grande, en la que cada país se enfrenta a sus propios retos», explica Luis Prieto, director de una de las principales empresas de genética porcina.

Además de los retos generales compartidos con la mayor parte del mundo porcino —como las dificultades a la hora de encontrar mano de obra tanto cualificada como no cualificada, los costes cada vez más elevados de las instalaciones y el riesgo de nuevos brotes de enfermedades como la Peste Porcina Africana (PPA)— algunos países de esta región tienen que lidiar con un factor específico de Latinoamérica.

«Para grandes actores como Brasil y México, uno de los principales problemas gira en torno a la volatilidad de los tipos de cambio, vinculada a la inestabilidad política», añade Luís Prieto. «Esta volatilidad afecta a un país como Brasil —exportador neto de porcino—, porque necesita una moneda fuerte para ser competitivo. México, por su parte, es un país que importa piensos de Estados Unidos, de manera que el tipo de cambio también le afecta».

Pero todo reto significa también una oportunidad

«La tendencia que observamos en Latinoamérica es hacia el aumento del consumo de carne de cerdo, países como Perú han duplicado su consumo en cinco años, mientras que en Colombia se ha pasado de un consumo per cápita de 4 kg a 11 kg en muy poco tiempo».

No obstante, en términos generales los niveles de producción de carne de cerdo en Latinoamérica son bastante bajos. De hecho, muchos países dependen de las importaciones de Canadá y Estados Unidos para satisfacer la demanda interna. Históricamente, durante muchos años una única empresa de genética ha dominado las ventas en la región, lo que ha llevado a un incremento de los costes para los productores y a una baja calidad de producto por la falta de competencia. Afortunadamente, en los últimos años la situación ha experimentado un cambio radical.

«Al igual que en casi todo el mundo, en Latinoamérica hay cada vez menos pequeños productores, mientras que el número de grandes empresas aumenta cada día», nos cuenta Luís Prieto.

«Latinoamérica es una región clave de desarrollo. A lo largo de estos últimos años, ha sido uno de nuestros mayores casos de éxito, y eso que aún nos queda explotar todo el potencial que representa Brasil, el cuarto mayor productor de porcino a nivel mundial».

«Brasil es importante para nosotros, porque aunque los mercados del porcino sufren continuos altibajos por cuestiones de precios o de oferta y demanda, la proteína debería producirse en países como Brasil o Argentina, en los que hay suficiente agua, suelo y pienso a un precio razonable», añade Luís Prieto. «Pueden surgir guerras o barreras comerciales que generen cierta disrupción en el comercio normal de proteínas; pero, a largo plazo, estos países son los mejores para la producción de carne de cerdo. El hecho, pues, de que nuestro plan a largo plazo incluya a Brasil, el origen de la proteína en el futuro, resulta verdaderamente apasionante».

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