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Portugal pierde 5.000 hectáreas de montado cada año

La superficie de alcornoque y encina de Portugal se acerca a 1.200.000 de hectáreas, es decir, más del 20% de todo el bosque nacional del país. El país produce más del 50% del corcho mundial y exporta más de 900 millones de euros en materiales ligados al corcho al año. Reducir el montado, es reducir la explotación del corcho, aunque también hablamos de un ecosistema único, con características únicas en cuanto a paisaje, pero también en cultura y patrimonio, y en riqueza ambiental.

Es un sistema agroforestal de usos múltiples, moldeado por el hombre. Paisaje dominado por árboles como el alcornoque y la encina, «especies de tamaño esencialmente arbustivo, pero que debido a la intervención del hombre y las actividades agrícolas, comenzaron a ser seleccionadas para crecer y dar sombra, y crearon un bosque que se aprovecha de múltiples formas», explica Margarida Santos Reis, profesora de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lisboa. Estos bosques son imprescindibles para la producción de porcino de bellota.

Existe un libro verde sobre los montados, creado en 2013, que permite mirar los montados desde otras perspectivas además de la económica. «Es necesario comprender las distintas valencias del montado», dice Teresa Pinto Correia, investigadora y profesora de la Universidad de Évora. El objetivo del libro era dar a conocer el sistema, pero también sus amenazas. “Es un sistema donde hay árboles, con componente de pastoreo, y en ocasiones con componente agrícola”, explica, destacando que el componente de pastoreo y ganadería tiene un peso fundamental. «Es importante gestionar el equilibrio de todo esto, porque no podemos esperar que todos los montados sean solo para uso forestal», dice Teresa.

Una de las principales amenazas para el alcornocal portugués reside en el cambio climático. Cristina Máguas, coordinadora del Centro de Investigación en Ecología, Evolución y Cambio Climático y profesora de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lisboa, dice que «en el alcornocal, uno de los fallos que ha sucedido es pensar que es muy resistente y adaptado a la sequía. Está verdaderamente adaptado a la sequía, pero sólo hasta cierto límite». Pero, asociado al cambio climático «tenemos una gestión y exploración que no siempre se ha realizado de la mejor manera». Cristina Máguas agrega que, en muchos casos, también es necesario comprender el tema del suelo y los microorganismos que existen en él. “Explotación exagerada en cuanto a ganadería, el uso de ganado en sistemas intensivos hace que el suelo ya no pueda responder a la sequía, en un clima mediterráneo”, explica.

Asociados a estos problemas ya mencionados, están las cifras que muestran que desde 1990 Portugal ha perdido en promedio, 5.000 hectáreas de esta superficie por año. El país tiene 1.200.000 hectáreas de monte (alcornoque y encina), con diferentes densidades, «pero estamos perdiendo estas hectáreas anualmente, no porque haya un corte o por la decisión de talar los árboles, sino simplemente porque los árboles se van muriendo y no se reemplazan”, dice Teresa Pinto Correia.

Una situación que ha pasado desapercibida incluso para los propios propietarios, «con cada vez más claros, donde no hay bosque ni cobertura arbórea. Es difícil tomar conciencia de esto», añade la profesora de la Universidad de Évora.

Según la investigadora, es necesario ayudar a los propietarios a comprender cómo puede haber un equilibrio entre la conservación y su rentabilidad económica. Para ello sugiere «crear modelos de negocio igualmente rentables, pero que logren mantener ese equilibrio necesario, por ejemplo con las especies de ganado más sustentables, como las razas autóctonas».

También hay escenarios en los que la plantación de alcornoques es intensiva, creando lo que los investigadores llaman bosques y no montados. “Hay sistemas que se llaman montados, pero son sistemas forestales, cuyo producto económico es solo el corcho, donde no hay producto pecuario. Si la densidad se vuelve demasiado y no se utiliza la capa interna, será un sistema forestal”, afirman. El límite es difícil de definir. “Tener el alcornoque como cultivo de regadío, para impulsar el crecimiento, que es de interés para la industria del corcho, puede ser un sistema interesante, pero ya no será montado”, indica Teresa Pinto Correia.

El montado es un sistema único en todo el mundo, que hay que preservar, desde el punto de vista económico, cultural y medioambiental.


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