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Promover la producción del cerdo criollo en Cuba, ante la falta de alimentación animal

Mientras en Cuba se agravan las dificultades para la cría de cerdo comercial, en Morón, desde el Centro de Investigaciones de Bioalimento Animal se apuesta por la solución tradicional y ecológica: la cría de cerdo criollo o de capa oscura.

La vuelta de la mirada hacia el cerdo criollo cubano, cuya crianza tradicional en los campos perdió auge ante la cría intensiva del cerdo comercial, no es, ni de cerca, producto de las carencias de estos tiempos, en que la producción mensual porcina representa un tercio de la demanda del país.

Científicos cubanos de varias disciplinas se propusieron su rescate y el estudio de sus potencialidades desde los años 90 del siglo pasado, animados por la dura situación económica, y también por el llamado de la FAO a conservar los recursos genéticos nativos. Y aunque los principales resultados investigativos salieron a la luz en la primera década del nuevo milenio, a las alturas del 2020 una búsqueda en Google sobre la raza devuelve más boletines y artículos científicos que fotos de los nobles animales embadurnados de lodo.

La cría del cerdo criollo es una solución ecológica y limpia, lejos de los piensos industriales. También porque la semilla lleva plantada varios años, y el fruto aún no acaba de madurar.

De la capa oscura y lo que hay dentro

El cerdo criollo cubano, de acuerdo con la Ingeniera Agrónomo Pecuaria Isabel Marta Santana Martínez, del Instituto de Investigaciones Porcinas, procede de España y tiene varios “primos” cercanos en el área del Caribe. A pesar de que se le llama comúnmente «puerco chino» por su escasez de pelaje, comparte ancestros con las razas ibéricas que dan origen al imperio del exquisito jamón español.

La causa de que pierda en competencia con otras razas de cría intensiva —la Yorkshire, la Duroc y la Hampshire— la explica a Levis Valdés González, director del Centro de Investigaciones de Bioalimento Animal (CIBA), una de las instituciones con más empuje en el país en el fomento de la cría de cerdo criollo.

«Entre las desventajas de la raza está que las reproductoras logran camadas de 6 a 7 crías, mientras que la cerda comercial suele parir 10. Los criollos demoran normalmente más tiempo en adquirir el peso de venta (90kg), por tener una ganancia de peso menor.”

Algunos estudios cubanos documentan una ganancia diaria de 112 gramos, que es bastante escasa. En adición, su sistema digestivo es más apto para la digestión de grasas dietéticas que de proteínas, por lo que se reportan de 7 a 12 kg menos de carne respecto a razas comerciales, en contraposición a un mayor volumen de grasa.

Sin embargo, estas características pudieran considerarse oportunidades para la elaboración de productos cárnicos diferenciados. Levis Valdés se atreve a augurar la posibilidad de monetizar el valor agregado de la crianza totalmente ecológica del cerdo criollo como un incentivo para sus productores.

Ya desde 2008 el Instituto de Investigaciones Porcinas había evaluado la producción de jamones, chorizos y sobrasadas a partir de esta carne, y los resultados se inclinaron en favor de su «sabor especial», obtenido a partir del engorde final con palmiche de palma o bellota de encino.

«La alimentación del cerdo criollo puede ser completamente libre de piensos, y se basa principalmente en cepa de plátano, yuca, miel, tithonia y, por supuesto, el palmiche. La palma siempre forma parte del paisaje donde se cría un cerdo criollo», explica Levis Valdés.

El resto de las condiciones son la sombra, la disponibilidad de agua y las instalaciones rústicas donde puedan aislarse las hembras al momento del parto, por su seguridad.

«En general, es menos costoso que preparar una infraestructura para la cría de cerdos comerciales, porque se ahorra agua, electricidad y materiales de construcción», añade.

Cotos de la realidad

En agosto de este año Yandira Sánchez Fuentes, directora de la Empresa Porcina de Ciego de Ávila, pronosticaba que la recuperación de los volúmenes de producción de carne alcanzados hasta 2018, tras los años de relativa bonanza que trajeron los convenios entre la empresa estatal y los productores privados, no volverá hasta 2022.

Ya el 2020 ha traído la reducción del plan desde 12.752tn, hasta 8.040tn, que indican que si Ciego de Ávila tuviera que depender solo de lo producido en su territorio, alcanzarían para un per cápita de 18kg/anuales.

Manteniendo ese dato en la cabeza, no es difícil evaluar la situación cuando María de los Ángeles Salcedo Pérez, jefa del Departamento de Ciencia y Desarrollo de la Dirección Provincial de la Agricultura, esboza un programa de autoabastecimiento local encaminado a que en 2030 cada consumidor disponga mensualmente de 5kg de carne.

“Deben ser 2 de cerdo, 1 de aves y 2 de ovinos, caprinos y conejo.” De ahí que la producción del 2020 no podría satisfacer ni una demanda ideal en la que se contara con 4 tipos de carne extra.

“El coronavirus nos ha impedido hacer parte del trabajo de preparación del programa, aunque ya fue presentado al gobierno provincial. De todas las producciones, el único ganado que para el 2029 no debe estar listo es el conejo. No se recupera”, continúa la especialista.

En un contexto en el que se deben 6.800tn de pienso a los productores, y en el que el cultivo de yuca, boniato y maíz para alimento animal no parece ser rentable para los porcicultores, se entroniza la ventaja de retomar la cría tradicional de cerdos criollos, que compiten menos con el alimento humano, además de que son menos propensos a padecer enfermedades parasitarias.

«Yo he estado en lugares donde han tenido que transformar grandes cochiqueras, y cercar parcelas y potreros para dejar a los cerdos salir a pastar, por la carencia de alimentos que el país tiene que importar», explica el director del CIBA.

De todo esto se deriva que desde hace 8 años, ese centro mantenga activo un proyecto para el fomento de la cría de cerdo criollo en la provincia.

En los inicios, adquirir apenas un lote de cría de al menos 5 hembras y 1 macho hubiera sido imposible de no ser por Osvaldo Cárdenas Fernández, productor del municipio de Florencia, ya convencido de las potencialidades de esa raza.

De 2012 datan estas palabras del propio Osvaldo Cárdenas a un medio sobre las dificultades para obtener pienso: «Nada de eso me preocupa porque quien pretenda producir carne esperando por el pienso, ahí mismo se embarca. Hay que tener buena base alimentaria y esa no me falta, porque siembro maíz y otros cultivos. En mi finca tengo más de 400 palmas reales y el palmiche les encanta a mis cerdos. Así es como logro entregar todos los años más de 100tn de carne.»

Hoy del coto del propio CIBA (20 reproductoras y 2 sementales) han salido ejemplares de cerdos de capa oscura hacia empresas y bases productivas interesadas en toda la provincia. El proyecto permite también el autoconsumo y la obtención de ingresos al centro, que certifica la autenticidad de la raza y controla los grados de consanguinidad entre ejemplares.

Nuri Pérez Valdés, investigadora a cargo del proyecto, contabiliza 13 cotos en el informe que regularmente debe emitir a la Empresa Porcina de Ciego de Ávila, entre los que destaca el ubicado en la finca La Rodaja, que vende reproductoras de 70kg a productores privados.

Impulsos similares se reportan en provincias como Holguín, con potencialidades para el clima de montaña, y Pinar del Río, zona del país donde abunda la bellota de encino y en la que ya se cuentan 20 productores vinculados y 120 interesados.

En Ciego de Ávila, sin embargo, el trabajo ha sido sostenido por casi una década, y pudiera ser el norte para los 174 productores privados en los que descansa el 80% del plan de producción, de los que más de uno hace malabares para enfrentar la escasez de pienso y los impuestos sobre sus ingresos personales con la obtención de alimento alternativo, manteniendo la rentabilidad.

«No me quedan dudas de que el cerdo criollo no puede sustituir al comercial en la cría intensiva, pero tampoco de que puede paliar situaciones de escasez y generar una industria propia. Lo bueno es que puede hacerlo desde una empresa o una cooperativa hasta una sola persona con las condiciones mínimas», reflexiona Levis Valdés.

¿Qué ha retrasado ese emprendimiento hasta hoy?, según Joel Morales de San Gil, agricultor y productor porcino de Tamarindo, en Florencia. Sobre la experiencia de haber probado con ambos tipos, de capa blanca y oscura, Joel dice que como “más resultado le da” es con los cruzamientos de las razas, “porque el criollo engorda un poco menos”. Ahora Joel tiene “nada más 70 cerdos”, y ante la pregunta de si no sería más conveniente criar también al criollo, con la crisis de entrega de pienso a los productores, responde que “eso sí es verdad”, que el criollo come un poco menos y se puede tener suelto en potreros para que coma de lo que da la tierra.

Su experiencia contrasta con la de Osvaldo Cárdenas Fernández, para el que la cría del criollo fue por muchos años el secreto de que resultara el porcicultor más integral del territorio, y no incumpliera nunca un plan.

La realidad demuestra que ambas son válidas, y que la “maña” del que tiene las botas puestas no se puede obviar. Pero también que tener entre manos una solución todavía tierna y no hacerla madurar es una conducta que tiene los días contados en estas circunstancias, en las que el pienso no cae del cielo, y menos los precios.

Fuente: Invasor


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