Fuente: INTERPORC

La clave es la capacidad de matanza

Descensos generalizados de las cotizaciones del cerdo en toda Europa, que han sido más fuertes porcentual­mente donde los precios estaban todavía más altos (España y Francia) y donde ha habido más problemas de exportación (Dinamarca) o de absorción de la oferta en vivo (Países Bajos y Bélgica), mientras que en Ale­mania el descenso ha sido más limitado porque ya es­taba en niveles muy bajos. A la recuperación estacional de la oferta de cerdos se le ha sumado el colapso de los mercados del vivo en todo el norte de la UE, por limi­tación de la capacidad de matanza por la Covid-19 y el hundimiento de los flujos comerciales habituales en esa zona (de lechones holandeses y de cerdos belgas hacia Alemania). Todo ello, en un contexto de depreciación del mercado de la carne, lo que presionado sobre los merca­dos del vivo.

En España, la cotización del cerdo ha caído un 12% pero, aún con ello, sigue por encima de sus homólogos europeos. La principal razón es que ni hay problemas de capacidad de matanza aquí, ni la exportación está cerra­da. Al revés, durante todo octubre y noviembre la ma­tanza ha marcado nuevas cifras de récords históricos, apoyada sobre todo en la sostenida demanda para exportar a Chi­na. Pero, aún con esta matanza récord, la oferta ha sido superior a la capacidad de matanza y, sobre todo, a la capacidad de congelación, con lo que los pesos han segui­do subiendo durante todo este mes, empujados además por los buenos ritmos de crecimiento en las granjas que ha posibilitado la expansión

Francia es el otro país sin problemas de matanza ni de exportación, por lo que su cotización, aunque ha bajado un 11% este mes, se mantiene también por encima del resto del norte de la UE. A ello ha ayudado también un flujo constante de cerdos franceses hacia España. Este ha sido otro factor inédito de este otoño: la entrada de cer­dos de otros países para ser sacrificados en España, gra­cias al diferencial de precios abierto, aunque limitada, esta operativa porque su carne solo puede ir al mercado intra­comunitario, no a la exportación. Obviamente, la presión de precios bajos que ha habido en el mercado europeo ha ayudado también a este comercio de cerdos procedentes de Francia, lo que ya era más o menos normal, pero tam­bién de Países Bajos y, sobre todo Bélgica. El progresivo aumento de la oferta española y la reducción del diferen­cial de precios ha ido limitando estas entradas conforme avanzaba el mes.

En el resto de países, el cerdo ha bajado en Dinamarca, Bélgica y Países Bajos, presionado por la imposibilidad de exportar en vivo a Alemania y el aumento de la oferta de carne barata alemana, y ello ha llevado a que también Alemania se decidiera finalmente a bajar su cotización oficial. Los casos de PPA en este país han roto ya la ba­rrera de los 200, aunque todos se han dado en jabalíes y en las zonas cerradas de los 2 condados afectados (Brand­emburgo y, en noviembre, también Sajonia), siempre muy cerca de la frontera con Polonia.

En América, los precios han ido flexionando a la baja en EE.UU., donde la oferta en vivo aumenta y hay algunos pro­blemas de falta de capacidad de matanza por covid-19 en las plantillas de los mataderos. Pese a ello, la matanza se está sosteniendo bien y donde hay más problemas es en el deshuesado, no en el sacrificio. En Brasil, el precio ha tocado finalmente techo, ya que los altos precios han reducido el consumo interior y la exportación a China, muy fuerte, aunque ralentizándose poco a poco, no lo ha po­dido compensar. Mientras, en China el cerdo ha detenido su descenso y ha vuelto a repuntar al final de mes, con­firmando que su consumo interior, que encara ahora los máximos del Año Nuevo, se está recuperando más rápido que su producción.

Un cambio de año presionado

La eclosión de la PPA en Alemania ha pasado a un (re­lativo) segundo plano en noviembre. Los problemas de sobreoferta de carne que esto comporta en el mercado europeo (por el cierre de la exportación alemana) han es­tado más o menos descontados ya en los precios. Pero el factor que ha pasado al primer plano ha sido la capacidad de matanza: dependiendo de si cada país puede exportar y mantiene o no capacidad de matanza, los precios han podido aguantar mejor o peor el tirón bajista que han vi­vido todos los mercados, tanto de la carne como del cerdo vivo. Con las limitaciones propias de las medidas covid-19, España ha mantenido una actividad récord, lo que no ha evitado el descenso del precio del cerdo, pero sí lo ha man­tenido dentro de una relativa “normalidad”: la cotización sale de noviembre al mismo nivel que su media del últi­mo quinquenio en esa misma fecha. En cambio, todos los países del norte de la UE siguen con precios bajo mínimos, ya que a los problemas exportadores se le suma la limitación de la capacidad de matanza, sobre todo en Alemania, don­de la peculiaridad laboral en los mataderos (mucha mano de obra de países del este) y los numerosos positivos en los mataderos y salas de despiece (con el agravante de las cuarentenas por proximidad) han creado una bolsa de cerdos retrasados que supera el medio millón de anima­les.

Para el resto del mundo, la exportación a China sigue siendo un balón de oxígeno en estos momentos, aunque los precios internacionales hayan bajado también. Más de la mitad de toda la exportación de porcino de la UE va a China. El gigante asiático recupera cabaña, pero sigue in­merso en un gran déficit productivo de porcino, que suple importando más carne (de todo tipo). A partir de ahora, habrá que seguir garantizando la actividad de matanza y, también, observar las intenciones chinas, tanto en volú­menes a comprar como, sobre todo, en precios de compra. Y mantener siempre unas estrictas medidas de bioseguri­dad, porque la PPA sigue estando dentro de la UE.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.