2020 ha traído una nueva realidad y demasiados dolores de cabeza en poco tiempo. En una era cada vez más digital, sujeta al confinamiento forzoso de los consumidores y al cierre de las actividades económicas, ¿cómo podría sobrevivir la industria porcina a la Covid-19? Los productores portugueses Filipe Teixeira (productor de raza Bisara), Isaura Cardoso (producción porcina intensiva) y José Miguel Contreiras (productore de cerdo alentejano) nos dan una valoración interna de la actividad.

La industria porcina portuguesa ascendió a 1.200 millones de euros en 2020, del valor acumulado de la producción y la industria, con una producción que representa el 8% de toda la producción agrícola nacional. En un escenario de crisis sanitaria, y contrario a la tendencia económica del país, el sector porcino portugués continuó operando durante toda la pandemia, asegurando el ritmo de crecimiento paulatino de los últimos 3 años, a pesar del impacto negativo del cierre del canal Horeca, especialmente en la venta de lechones y jamones. Además, según datos del INE, la producción porcina nacional superó el año pasado las 302.000 toneladas de carne de cerdo, lo que representó un incremento del 8,19% respecto a 2019. En total, estos valores representan la autosuficiencia en torno al 79% del consumo interno, en contraste con el 68% del año anterior, lo que permite una reducción de las importaciones de alrededor del 11%.

Con la vacunación aún lejos de lograr la inmunidad de grupo, y la actividad económica retomando a “cuentagotas”, sabemos cómo fue el último año para el sector porcino, pero no con certeza cuáles son las perspectivas para 2021. “El año 2020 fue muy, muy difícil para el sector ”, comienza señalando José Miguel Contreiras, productor de carne de cerdo del Alentejo. “Después de 7 años de crecimiento en el sector y donde los precios pagados por los animales producidos en montanera alcanzaron máximos históricos, en 2020 el sector se vio muy afectado por los efectos de la pandemia”.

Una opinión compartida por Isaura Cardoso, quien afrontaba el año 2020 con muchas preocupaciones: “durante 2020, temí que la industria porcina pudiera sufrir algún daño, ya que no se sabía cuál sería el futuro de cara al paro y la consiguiente disminución del poder adquisitivo del ciudadano, que puede afectar el consumo de carne de cerdo”.

En un contexto de pandemia, en el que el desconocimiento sobre el riesgo de contagio y el miedo a la enfermedad ha arrastrado a todo el mundo, varios sectores debieron seguir trabajando para garantizar la alimentación de la población. Estos trabajos se realizaron bajo el temor a la fatalidad y las limitaciones del cierre de fronteras y actividades económicas. “Inicialmente tuve algunos miedos. La responsabilidad de asegurar la vida de tantos animales, procurando que no hubiera hambre, ni sed y que se salvaguardara el mínimo cuidado para su bienestar, me conmovió a mí y a todo el equipo que trabajamos”, recuerda Isaura Cardoso. “Otro miedo, era que existían problemas para abastecer al país de materias primas para la alimentación de los animales o que, por ejemplo, un trabajador de la finca se contagiara y así contagiara a otros trabajadores, comprometiendo así el normal funcionamiento de la finca”.

Pero la misión de seguir alimentando a los portugueses y mantener sanos a los animales no permitió que se asentara el desánimo. “No podíamos tener miedo, nuestros animales necesitaban que siguiéramos cuidándolos. El sector nunca paró, nunca bajamos los brazos ante la adversidad y siempre seguimos, trabajando todos los días a pesar del miedo y las dificultades en beneficio de nuestros animales y consumidores”.

Aun así, se instaló una nueva realidad cotidiana con rutinas que llegaron para quedarse. “Afortunadamente, no ha habido ningún tipo de problema. Todo ha ido sobre ruedas, con algunas precauciones que antes no eran necesarias, como el distanciamiento social, el uso de mascarilla e higiene de manos, además de todas las precauciones de bioseguridad que ya formaban parte del día a día del trabajo, como ducharse en la entrada, vestir con ropa y calzado exclusivos de la finca, limitando el ingreso de personas, entre otros”. Aunque la contratación de mano de obra en las fincas no ha sido un problema, como destaca Isaura Cardoso, incluso aumentó debido a la ola de desempleo, José Miguel Contreiras recuerda cómo la pandemia afectó indirectamente a las fincas portuguesas. “Existen algunas limitaciones relacionadas con el control transfronterizo del transporte, de algunos trabajos y con los inspectores que realizan el control de la“ Norma de Calidad”, que se traducen en algunos retrasos, pero que se pueden resolver. El inconveniente se sintió más a nivel de mano de obra en mataderos e industrias de procesamiento. Algunos cerraron por brotes de Covid-19, otros empezaron a trabajar a distancia, lo que también ha influido en la capacidad de sacrificio y procesamiento y, en consecuencia, en el flujo de animales”.

DIFICULTADES DEL SECTOR

Si bien, se ha mantenido el consumo de carne de cerdo y la industria porcina ha logrado consolidar el crecimiento de su producción, el sector ha sufrido varios choques que comprometen la sostenibilidad de varios negocios. José Miguel Contreiras señala algunos de los motivos de la preocupación de los productores: “Somos dependientes del mercado español y, en cuanto a las industrias nacionales, las ventas de jamón, que por sí solo no representan un bien esencial, han disminuido drásticamente como resultado de la ausencia (casi total) de turismo, fiestas, ferias, otros eventos (sociales y familiares) y también por la reducción del poder adquisitivo de los consumidores”.

Como resultado de esta disminución de la demanda, hubo una reducción de alrededor del 35-40% en el precio de compra de los animales de montanera al productor. “En mi caso concreto, la reducción fue significativamente inferior, en 180€/animal. Los animales de montanera tienen un ciclo de producción de unos 24 meses y su cría cuesta unos 300€/animal. Comercializados a los precios de esta campaña, resultan un verdadero desastre para la viabilidad económica de una explotación. Con otros animales vendidos bajo el nombre de “Ibérico” y que no son cebados con bellota, el escenario era similar. Los precios bajaron de 2,70€/kg a 1,80€/kg”.

En cuanto a la raza Bisara, el cierre del canal Horeca y la dificultad para vender animales fueron las principales preocupaciones de los productores. Este es el caso de Filipe Teixeira, un productor de raza bisara. “Mi principal obstáculo en 2020 fue lograr vender la producción de lechones. Para superar esta dificultad me vi obligado a incrementar la producción y congelar los lechones. El sector del bisaro está siendo fuertemente castigado con las limitaciones de la restauración, ya que nuestros productos dependen fundamentalmente de este sector. Los restaurantes y hoteles, en general, representan un importante canal de venta, y lógicamente, estar obligados a cerrar, significa una disminución de la demanda de los productos.

Esto afectó y afecta también a los cerdos del Alentejo. “Un escenario atípico, nunca antes vivido y que llevó a la búsqueda de nuevos caminos. Los productores de asociaciones como ACPA o PACOOP, nunca, en 31 años, han tenido temor de no poder vender la producción de motanera, y este año sucedió. Afortunadamente, se lograron nuevos contratos para vender todos los animales”, comenta el productor de cerdo alentejano. “Hubo una demanda mucho menor de animales, tanto en las categorías de animales de bellota como de otras. Incluso en el ámbito de los contratos previos establecidos entre ACPA, PACOOP y las industrias, la reducción en el número de animales por sacrificio fue bastante acentuada, lo que dificultó su transporte y, en consecuencia, limitaciones y sanciones en términos de exceso de peso de los animales debido al retraso en el sacrificio. Lo mismo sucedió con los productores que destinan parte de su producción al mercado de lechones cruzados al destete (tostones). De un momento a otro, la demanda fue simplemente nula. Aquellos que lograron vender, generalmente a 30-35€/animal, solo tuvieron ofertas de 10-12€/animal y de manera excepcional. Por otro lado, el aumento de los costes de producción, es decir, la alimentación animal, ha segudio una subida constante, y se está volviendo insostenible”.

AYUDAS (QUE NO LLEGARON)

Cuando en marzo de 2020 se iniciaron los confinamientos, la mayoría de los expertos no podían prever la crisis que se arrastraba y la cual dura más de un año. Desde el comienzo de la pandemia de la Covid-19, muchas empresas han luchado a diario contra una fuerte caída en la facturación, poniendo en riesgo sus propios medios de vida. Si bien, el Gobierno ha proporcionado líneas de apoyo para hacer frente a las pérdidas, todavía es difícil para muchas empresas seguir soportando el exceso de gastos ante la caída de la facturación. “Necesitamos apoyo en efectivo, liquidez”, dice Filipe Teixeira, quien se queja de la falta de apoyo del gobierno: “No recibí nada, ni conozco a nadie que lo haya recibido”. Las medidas de apoyo a la producción porcina, no tuvieron en cuenta las especificidades de las producciones de esta raza.

José Miguel Contreiras esboza el panorama que tuvo lugar el año pasado. “En noviembre de 2020, el Ministerio de Agricultura publicó una Ordenanza que estableció lineas para apoyar al sector de producción de animales de raza pura. Esta ayuda se distribuye por escalas y está destinada principalmente a productores y animales de montanera con un importe máximo de 7.000€/beneficiario. A fecha de hoy todavía estamos a la espera de que se reciba la ayuda, aunque tenemos indicios de que se llevará a cabo en junio”, dice Contreiras, destacando el papel que jugaron las asociaciones sectoriales con la comisión parlamentaria de agricultura y el ministerio para obtener estas ayudas, que será importante para continuar en 2021.

Aún así, la opinión es unánime, los productores están pidiendo más apoyo al Estado. “En el caso de esta ayuda que aún brindará el gobierno, el monto de la ayuda propiamente dicha debería ser mayor para minimizar el impacto de la pandemia en las fincas de cerdo alentejano. Por otro lado, no se incluyeron todos los animales producidos bajo la denominación de cerdo ibérico. Este tipo de producción prevé animales en línea pura y cruce con la raza Duroc, y sólo incluyeron los producidos en línea pura”, comenta Contreiras.

LA REINVENCIÓN DE LA CAPACIDAD DE RESPUESTA

Cuando a finales de 2020 la gente soñaba con un nuevo comienzo en 2021, se generó un optimismo que rápidamente se agrió. Las puertas volvieron a cerrarse y el número de infecciones y muertes alcanzó niveles más altos que nunca. En esta 2ª ola de confinamiento, hubo una mayor adaptación por parte de los empresarios, pero también una acumulación insostenible de muchos meses de pérdidas, como es el caso de la producción de lechones. “En este 2º encierro, hubo más limitaciones en la restauración por más tiempo, lo que nos trajo mayores dificultades”, dice Filipe Teixeira.

En el caso de la carne de cerdo alentejano, o incluso de la explotación intensiva, el mercado se adaptó y los empresarios mejoraron su capacidad de respuesta respecto al año anterior. “Dado que, en el caso del cerdo alentejano, estamos hablando de granjas extensivas al aire libre, se facilita el trabajo diario de los trabajadores de las granjas, en tiempos de distanciamiento social. Pero hay cambios a registrar en cuanto a la solicitud de servicios como, por ejemplo, los servicios de asociaciones, certificación de montanera, y la DGAV, entre otros, pero hemos logrado adaptarnos en la medida de lo posible”, explica José Miguel. Contreiras. “Respecto al 1º encierro, creo que, al no ser la 1ª vez, todos se adaptaron mejor a las reglas impuestas”.

Con el cambio forzado en los hábitos de consumo orientados principalmente a la venta online, aún quedan quienes no son capaces de dar respuesta a estos nuevos retos. Para Filipe Teixeira, residente en Bragança, existen dificultades que siguen siendo un obstáculo para aprovechar estos nuevos canales de venta. “En cuanto a la venta online, hubo algunos intentos pero sin éxito. Tenemos las dificultades de los productores dirigidos a nichos de mercado. No tenemos fuerza ni organización, a lo que le sumamos el hecho de que estamos lejos de los consumidores. No tenemos ningún matadero en la región capaz de congelar o distribuir para poder trabajar online y exportar. Las autoridades locales no tuvieron la iniciativa de apoyarnos en esta fase, ni el gobierno central tuvo la amabilidad de escucharnos y estudiar nuestras dificultades”.

En estas nuevas tendencias del mercado, las ventas online también son residuales en el cerdo del Alentejo y no han compensado las pérdidas. La revolución provino principalmente de la realización de ferias virtuales, como alternativa a las limitaciones presenciales. “Las ferias representan ocasiones muy importantes para la promoción de la raza y los productos de calidad del cerdo del Alentejo. Estos son contextos donde el sector se afirma y donde los productores, a través de ACPA y PACOOP, llevan a cabo parte de las negociaciones con las industrias”.

Por otro lado, las ferias están marcadas por la organización de coloquios y seminarios, muchos de ellos por parte de ACPA, que nos permiten a los productores adquirir conocimientos y comprender los censos y datos actualizados del sector, subraya el productor alentejano. Aunque muchas entidades se han reinventado y existen unas jornadas virtuales a las que puede asistir todo el mundo, además de quedarse cortos del “alma del sector”, hay que tener en cuenta que muchos productores, sobre todo los mayores, no tienen habilidades necesarias para aprovechar el mundo online, quedando así excluidos de estas iniciativas. Ante un año incierto, hay quienes apuestan por un futuro donde imperan las limitaciones y sanciones para muchos negocios. “Veo el año 2021 muy difícil”, pronostica Filipe Azevedo Teixeira. “Han sido muchos meses de dificultades. Además, también está la escalada de los precios de los piensos, que nos trae aún más problemas”.

Un escenario confirmado por José Miguel Contreiras: “La venta de animales para sacrificio está bastante comprometida, ya que los sacrificios han disminuido mucho y el número de animales por sacrificio también ha disminuido. En cuanto a la comercialización de carne fresca y procesada, debido a la retroalimentación que proviene de la industria, también se está viendo bastante afectada. Los productos de cerdo alentejano se consumen principalmente en restaurantes, hoteles y eventos familiares y sociales, todo lo que hasta la fecha, y por 2ª vez, está cerrado”.

Para Isaura Cardoso, el principal punto de cambio es la vacunación generalizada de la población y la inmunidad grupal, que es una prioridad para que el mercado retome su actividad dentro de los parámetros de 2019. Siendo 2021 un año igualmente difícil para la producción porcina, en su opinión, si bien hay algunos indicadores que pueden ser alentadores, como el precio de los animales destinados a la próxima campaña de montanera, ya que muestran alguna subida de precio, este todavía está lejos de lo que se alcanzaba a principios de 2020. “El precio que recibimos este año por los animales en la campaña de montañera sufrió una caída brutal, dejándonos sin margen para invertir ni siquiera en la cría de los animales de la próxima campaña”.

Según Cardoso, “se espera que muchos compañeros productores abandonen el sector, y que muchos otros reduzcan significativamente su actividad”. Según la información que los productores recibieron recientemente de ACPA, “el censo de cerdas reproductoras en el Libro Genealógico pasó de 7.000 cerdas en diciembre de 2019, a 4.600 en diciembre de 2020. Esta disminución refleja bien la situación por la que atraviesan los productores de carne de cerdo del Alentejo y el riesgo de extinción que atraviesa la raza”.

Para Filipe Teixeira, todo lo que queda es la esperanza de mejores días, el ancla que sostiene a muchos productores hoy. Espera, pero sobre todo actúa con urgencia, como dice Contreiras. Según él, “es fundamental que el Ministerio de Agricultura preste especial atención a las razas autóctonas, como el Porco Alentejano y la producción extensiva, que valoran social y económicamente determinadas regiones del interior del país, siempre dejadas atrás, y que también sostiene el ecosistema”.

Fuente: Fpas

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